En una movida que parece salida de una novela de intriga y conspiración, el Tribunal Electoral de Veracruz (TEV) obligó al Organismo Público Local Electoral (OPLE) a inscribir a dos sujetos del PAN en un «Registro Local de Personas Condenadas y Sancionadas en Materia de Violencia Política Contra las Mujeres en Razón de Género». Los protagonistas de esta telenovela son Federico Salomón Molina y Roberto Martínez Archer, dos vividores del poder que se ganaron su lugar en el registro por un año, como para hacerlo más dramático.
Resulta que estos dos compinches causaron violencia política en razón de género, específicamente con un toquecito de violencia económica y obstrucción de funciones contra una trabajadora anónima pero valiente que les hizo frente. ¿Y por qué tanto odio? Pues resulta que la pobre mujer era parte del Comité Directivo Estatal del PAN y no le dieron chance de meter mano en el presupuesto ni de saber qué onda con un proveedor de servicios para el trabajo del 2025. Lo típico, ¿no?
Así que la dama agraviada, harta del acoso y las trampas, sacó su espíritu justiciero y demandó al TEV, denunciando hostigamiento y obstaculización por parte de estos dos elementos de poca monta. Y, no contenta con eso, la Comisión de Justicia del Consejo Nacional del PAN le dio la espalda. Todo muy decente y honorable, ¿verdad?
Pero ahí no para la cosa. El tribunal le dio un regaño bien merecido a la Comisión de Justicia del PAN y le dijo que, de ahora en adelante, mire con lupa y género las quejas de sus militantes. O sea, que les establecieron un «paternal» regaño de no hacer travesuras.
Una intrincada historia de abusos, poder sin límites y venganza femenina que nos deja saboreando un poquito más el dulce sabor de la política patriarcal. Pero, ¿sorpresa? ¡Ninguna! Es lo que se cuece en las altas esferas del poder político, donde la ética y el respeto se quedan en la puerta, y la corrupción campa a sus anchas. ¿Te suena a algo, verdad? ¡La vida real supera la ficción!
