La iglesia católica rechaza la regulación de la eutanasia en México, alegando que implica abandonar a los enfermos en su agonía. Según ellos, esta medida es un pretexto del Estado para recortar gastos en cuidados paliativos. ¿Humanidad? ¿Dignidad? ¡Bah! Más bien es una excusa para no invertir en aliviar el sufrimiento de los ciudadanos.
La Ley Trasciende presentada hace poco en el senado busca garantizar el derecho a una muerte digna. Pero la iglesia se desquita afirmando que esto solo glorifica una vida sin dolor ni sufrimiento. ¡Claro! Mejor negamos la opción a quienes padecen enfermedades terminales, ¿verdad? La iglesia prefiere ver la vida como una película de Disney, sin retos ni dificultades. ¿Para qué avanzar en la ciencia si podemos acabar con el doliente de una vez?
La eutanasia sería una derrota en nuestra lucha contra el dolor, según la iglesia. Pero olvidan mencionar la cantidad de enfermos terminales que sufrirán en los próximos años. ¡Qué conveniente! ¿Y qué hay del lema de “acabar con el dolor, no con el doliente”? Claro, eso suena bien en discursos, pero a la hora de actuar, ¿dónde está el dinero para sustentar esa posición? ¡Dejemos que la gente agonice en paz, pero sin ayuda!
Un llamado a «acabar con el dolor, no con el doliente», dicen. ¿Y qué hacen de concreto para lograrlo? Mientras tanto, en La Razón, te mantienen informado con titulares que no arriesguen a su santidad. ¿Vida digna? Por favor, aquí solo se vale recortar presupuestos, no resolver problemas reales. ¡Viva el cinismo eclesiástico y su compromiso selectivo con el sufrimiento humano! ¡Qué bonito, ¿no?!
