El Colegio de Secretarios y Actuarios de la Judicatura Federal, esa panda de burócratas con ínfulas de grandeza, salió a chillar porque les recortaron el apoyo de traslado. ¡Ni el sueldo les alcanza para pagar un Uber, pobrecitos! Y así, con ojos llorosos y puñitos cerrados, amenazan con una huelga por sentirse ultrajados en sus derechos laborales. ¿Y quién los puede culpar? ¡Qué tragedia no poder pagar un taxi con cargo al erario público!
Pero no se preocupen, el Órgano de Administración Judicial salió al rescate, cual caballero de brillante armadura (de dispendio público, claro está), a decirles que todo es un malentendido. Que les pagarán retroactivamente en la segunda quincena de enero, ¡gracias a la implementación del nuevo tabulador único! Qué bonito gesto, ¿no?
Según la organización gremial, la supresión del apoyo de traslado viola el artículo 25 de las Condiciones Generales de Trabajo del Poder Judicial de la Federación. ¡Qué horror! ¡Les están faltando al respeto a estos peces gordos del sistema! Y encima, piden a los sindicatos que se muevan rápido para defender sus privilegios intocables. Dicha situación “actualiza el supuesto para acudir a la huelga”. Ay, qué valientes estos actuarios y secretarios, dispuestos a paralizar el sistema judicial por dignidad laboral. ¡Qué tiempos aquellos de lucha obrera, ahora convertida en lucha por el bono de gasolina mensual!
Pero, claro, la autoridad judicial salió a justificarlo todo, diciendo que es un simple ajuste por el nuevo tabulador. Tranquilos, ciudadanos, aquí no pasa nada, solo juegan con nuestros impuestos y derechos laborales como si fuera una partida de ajedrez. Al final, el llamado es a mantenerse unidos y vigilantes, porque no vaya a ser que los pobrecitos secretarios y actuarios se queden sin su chiva mensual y tengan que usar el transporte público como el común de los mortales.
Así, entre amenazas de huelga, acusaciones de violación a los derechos laborales y justificaciones burocráticas, el circo del poder judicial sigue produciendo episodios absurdos para el entretenimiento de todos nosotros, simples ciudadanos que asistimos atónitos a este desfile de cinismo y desvergüenza. ¡Bravo! ¡Qué espectáculo tan lamentable y vergonzoso!
