Juan Ramón de la Fuente, ese canciller que parece más preocupado por la política exterior que por lo que pasa en su propia casa, ha salido a hablar sobre la necesidad de fortalecer la coordinación entre dependencias federales y el Congreso en materia de política exterior humanista. ¡Ah, claro! Porque ya sabemos que en este país de maravillas lo prioritario es cómo nos ven afuera, no cómo estamos podridos por dentro.
El pobre Juan Ramón, más perdido que un calcetín en la lavandería, se reunió en la Secretaría de Relaciones Exteriores con la crema y nata del gobierno Sheinbaum: Rosa Icela Rodríguez, Laura Itzel Castillo Juárez y Kenia López Rabadán. ¡Vaya combinación explosiva! Seguramente resolvieron más problemas globales que los Vengadores en una película.
De la Fuente no baja el ritmo y afirma que la política exterior del gobierno debe basarse en la colaboración continua entre las instituciones, para que la proyección internacional del país cuente con respaldo político interno. Bueno, al menos eso nos queda claro, mientras la gente sigue esperando soluciones reales a problemas reales.
Por otro lado, Rosa Icela Rodríguez alabó el papel de embajadores y cónsules como mensajeros de la «transformación pacífica y democrática» de México. Sí, claro, porque no hay nada más pacífico y democrático que el caos, la corrupción y la impunidad que vivimos a diario.
Los ilustres invitados de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y de la Cámara de Diputados también se apuntaron al espectáculo de aplausos y fotos. La senadora Castillo habló de dignidad humana y la diputada López elogió el papel del cuerpo diplomático. ¡Qué poetisa eres, Kenia!
Y para cerrar con broche de oro, los titulares de embajadas y consulados compartieron sus planes de fortalecimiento de la diplomacia parlamentaria y los proyectos que desarrollarán este año. ¡Qué emoción! A ver si así, de pura casualidad, logran solucionar algo en este mar de ineficiencia.
Así que ya saben, no se pierdan los próximos capítulos de esta telenovela diplomática mexicana, donde lo que realmente importa es cómo nos ven desde afuera, aunque por dentro estemos hechos un desastre. ¡Qué país, señores!
