En Salamanca, Guanajuato, Gerardo Arredondo, ese empresario «tan querido» por algunos, fue liberado después de ser secuestrado. ¿Cuánto costó su liberación? ¡Sorpresa! ¡No se pagó rescate! Claro, seguro fue un gesto de cariño de los secuestradores, puro amor al arte del plagio. Y atención, la Fiscalía del Estado, siempre tan eficiente, nos cuenta emocionada que hubo detenidos y un sospechoso «abatido». ¿Abatido por la emoción de no embolsarse una lanita por la liberación de su rehén, será?
Las hazañas de rescate, dignas de una película de acción, comenzaron en un expendio de materiales de construcción. Ahí, según los informes de inteligencia y operativos de los policías y chamacos de la «Fiscalicía», pillaron a los causantes del alboroto y encararon la misión de salvar al empresario. ¡Vientos!
Pero la cosa no para ahí, amigos, ¡estamos en Guanajuato! Tras rescatar a Arredondo, lo tienen con mayordomo en la Fiscalía local, dándole hasta de comer mientras recibe curitas en su alma de secuestrado. ¡Qué lindo, qué servicio! ¿Y los fulanos que lo secuestraron? Pues siguen en la mira de la ley, de seguro atrapando mosquitos en sus celdas mientras esperan a Santa Justicia.
¡No se despeguen, queridos lectores! Porque la Fiscalía promete más datos jugosos, tal vez cuando les dé por soltar las fichas de la Lotería. ¡Permaneced atentos, que Guanajuato arde! Y recuerden, la información siempre sale, como agua de la alcantarilla. ¡Hasta la próxima, banda!
