La presencia de Sheinbaum en Washington para el sorteo del Mundial 2026 junto a Trump y Carney suena más a plan orquestado que a mera casualidad. El COA, ese organismo que se dedica a promover el desarrollo económico y social -sí, claro-, está feliz con la visita de la presidenta de México y del primer ministro canadiense. Seguro, deben estar rebozando de felicidad mientras aprietan manos y juegan a la diplomacia frente a las cámaras.
Y es que, según estos expertos en relaciones internacionales de pacotilla, la coincidencia de la Copa del Mundo y la revisión del T-MEC en 2026 es una «oportunidad única». Sí, única para los tres países mostrar lo fuerte que es su amistad y renovar su compromiso con la integración económica. ¡Qué tierno!
El COA, con su tono rosado y almibarado, nos vende la idea de que una América del Norte unida es la clave del éxito y la prosperidad. ¿En serio? ¿Es un chiste? ¿O sólo quieren mantener sus privilegios y acuerdos oscuros bajo la alfombra de la integración regional?
Ahora, según estos iluminados de la geopolítica, el Mundial y la revisión del T-MEC son la excusa perfecta para fortalecer la cooperación, las cadenas de suministro y la competitividad del bloque. Claro, todo para que los que tienen más poder sigan sacando tajada a costa de los de siempre.
Oímos a Susan Segal, la jefa del COA, con sus palabras bonitas sobre cooperación, innovación y prosperidad compartida. ¿En serio piensan que nos chupamos el dedo? Esto huele más a conveniencia y a negocios bajo la mesa que a verdadero interés por el bienestar regional.
Entonces, mientras artistas pintan un panorama color de rosa sobre la integración norteamericana en 2026, no nos dejemos engañar. Detrás de las sonrisas y los apretones de manos, hay intereses ocultos que nada tienen que ver con el verdadero progreso de la región. La realidad es más cruda y menos glamorosa de lo que nos quieren hacer creer.
