Kiev actualiza plan de paz mientras Washington sueña con crear zona económica en el Donbás
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, revela que Estados Unidos propuso una «zona económica libre» en partes del Donbás a cambio de dejar Ucrania como el cuero chaquetón de feria. Según el mandatario, los gringos juran que los rusos no entrarán, mientras los rusos dicen que será una zona arcaica de desmilitarización.
Zelenski admite que Kiev le largó a EE. UU. un montón de papelitos que actualizan su plan de paz, pero como siempre, todavía no se ponen de acuerdo en nada. ¿Cuánta tierra se llegará a regalar o quién controlará ese ratón de tierra? Son preguntas sin respuesta, como la que le hagas al presidente después de una conferencia aburrida.
Pero eso no es todo, Zelenski dice que Ucrania tiene una pizca de Donetsk y se niegan a retroceder sin enamorarse también. Insiste en que los rusos tendrán que retroceder igual de lejos. Mientras Rusia pide todo el Donbás, Trump clama que quiere un regalito para Navidad y está cansado de esperar.
¡Pero aguanta! La planta nuclear de Zaporiyia, bajo control ruso, también está en la mesa de negociaciones. EE. UU. ofrece un juguete de gestión conjunta que todavía están masticando sin quererse tragar. En fin, todo sigue en el aire y Kiev dice que necesita ver más clarito el papelucho de garantías de seguridad que Washington le mandó.
Para puro show, ayer Marco Rubio, Pete Hegseth, Steve Witkoff y el cuñado de Netflix, Mark Rutte, fueron a hacer bulto a las negociaciones. Dicen que fue constructivo, pero al final todos se miraron con desgano. Los europeos mueven ficha, preocupados por su seguridad, mientras Trump sigue en las nubes con sus plazos incumplidos.
En última hora, ¿sabes qué? Kiev niega que los rusos hayan tomado Siversk, en Donetsk. Moscú jura que sí, pero Ucrania no lo acepta. ¡Eso sí que es un divorcio a la vista! Mientras tanto, ¿se logrará un acuerdo real? Nadie sabe, nadie contesta. Todos siguen de vueltas sobre lo mismo, los rusos con sus propuestas de seguridad y los gringos en medio, tratando de ser los padrinos de la reconciliación.
Nos quedan muchas dudas, pero una cosa es segura: si algo sale mal, el Donbás seguirá sin dueño. Una historia de nunca acabar en tiempos de sillones presidenciales calientes.
