En Iztapalapa, las pajareras del Colectivo Chalchiuhtlicue crearon un espacio seguro para las mujeres de esta alcaldía, mediante la observación de aves. ¿Qué tal la ocurrencia? Dicen que así incentivan la participación de las mujeres y denuncian la violencia de género en el gremio.
Angelina Martínez, la líder de las pajareadas, se da el lujo de dar su show entre los árboles y los rayos del sol en el Área Natural Protegida Cerro de la Estrella. Una maravilla, ¿no? Y ojo, lo logra sin necesidad de unos binoculares de marca.
Aunque Angelina no armó una alarma en ornitología, junto con sus amigas llevan cinco años observando aves y ya se saben los nombres de 150 especies en la zona. Aprender jugando, como les gusta decir a ellas.
Lo divertido del asunto es que esta agrupación de pajareadoras logró sacar una mini-beca de la Universidad de Cornell en Nueva York. ¡Qué nivel, chavorrucos! Pero hey, aunque ninguna estudió la carrera, se las saben de todas todas. ¡El talento se lleva en la sangre!
Y como toda buena historia de lucha, aquí también hay conflicto. Las pajareras, adentro de instituciones como la Sedema, se han topado con discriminación. Les menosprecian a cada rato sus observaciones solo porque no han pasado por duras horas de estudio en una universidad de renombre. ¡Qué cinismo!
En fin, así es com pa’-dice Martínez- algunas pajareadas incluyen talleres de violencia de género, con todo y presión al gremio machista para que se pongan truchas. La revolución pájara ha empezado.
Y qué mejor que adoptar la resistencia de ¡tachán tachán! El zumbador mexicano, ese colibrí tan bonito que siempre pasa desapercibido. Como un mensaje de resiliencia en plena naturaleza que hay que recoger en este batidero de corrupción y abusos. Porque la lucha sigue.
