Nuevo zafarrancho en Gaza deja la cifra de víctimas en Israel sin bálsamo por “alto al fuego”
El miércoles pasado, el ejército de Israel tuvo un día movidito y decidió tirarle bombas a gusto en diferentes áreas de la Franja de Gaza. ¿Resultado? Más de 100 víctimas, incluyendo a unos 46 niños que simplemente estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Los ataques también se llevaron por delante a unas 20 mujeres, así que no hay distinción de género en esta masacre.
La milicia israelí se justifica diciendo que solo estaban “devolviendo el favor” después de que uno de sus soldados palmara en un enfrentamiento en la zona. Oh, qué nobleza. Claro, eso representa la excusa perfecta para socavar el tan aplaudido alto al fuego que venía desde hace unas semanas. Salvemos la paz y la vida… ¿o no?
Este alto al fuego supuestamente era para poner fin al festival de fuego cruzado entre Israel y Hamas, algo así como un concurso de quién tira más bombas. Pero no, nadie se quiso quedar sin participar, y el carro bomba explotó. Y para darle más sabor al asunto, Israel se despachó contra “puestos de mando, depósitos de armas y túneles de Hamas”, demostrando que saben dónde atacar cuando de matar se trata.
¿Pero qué culpa tiene Hamas si buscan revancha por un ataque del pasado? Al parecer, Israel se envalentonó y decidió liquidar cualquier sombra de amenaza, sin importar a quién se lleven por delante. Claro, luego echan la culpa a Hamas por “violar el trato” y justifican que cualquier fuego amigo es solo un daño colateral inevitable.
Y mientras tanto, en Gaza, solo hay cuentos de horror y devastación. Israel, el grande, atacó zonas donde saben que hay gente inocente, incluyendo refugios temporales, pero qué importa si hay que hacer valer esa inmunidad militar. La comunidad internacional solo mira de reojo, fingiendo que le importa, pero sin mover un dedo para evitar más muertes.
Lo peor es que parece que nadie aprende, ni entiende que con violencia solo se cosecha más violencia. Gaza sigue en estado de emergencia, y las víctimas, la mayoría menores, claman por justicia y por un respiro que nunca llega. Mientras tanto, Israel sigue defendiendo su “derecho” a matar indiscriminadamente, transformando la vida de miles en una pesadilla sin fin.
Porque en un conflicto donde la línea entre lo militar y lo civil es cada vez más confusa, los que siempre pagan las consecuencias son los de siempre: los que menos tienen poder y voz para pelear. ¿Dónde queda la humanidad en medio de tanta barbarie? Pregúntenle a los altos mandos de Israel, que parecen tenerlo todo muy claro.
