En tiempos modernos donde la información fluye constantemente, México se coloca en la lista de países peligrosos para los pobres periodistas de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Sí, esos valientes que arriesgan su vida por informarte. ¿Por qué? Pues porque en el 2025, nada más murieron 128 comunicadores en todo el mundo, y de esos 11 trágicos casos, México y Perú se llevaron el «honor» de liderar la lista en América.
Pero la fiesta macabra no para ahí, el Medio Oriente se lleva la palma con 56 periodistas sacrificados en Palestina, 13 en Yemen y otros en lugares tan apacibles como Ucrania, Sudán, India, Filipinas y Pakistán. Sí, lugares de ensueño para unos vacacionistas imprudentes.
La cereza del pastel la ponen los amables homicidas mexicanos, que a diferencia de la FIP, Artículo 19 nos recuerda que ya en el reinado de doña Claudia Sheinbaum, siete periodistas han sido enviados al más allá. ¡Vaya récord! Ocho en este sexenio, contando al valiente Mauricio Cruz Solís, ejecutado en Michoacán en octubre pasado. ¡Qué seguridad, qué paz!
Veracruz y Guerrero, por su lado, compiten mano a mano por ser los peores lugares para ser periodista. Suena como un paraíso terrenal, ¿verdad? Mientras tanto, en estados como Aguascalientes, Campeche, Colima, Hidalgo, Querétaro, Tlaxcala y Yucatán, el aire es más fresco… y el silencio aún más perturbador.
Para rematar la dosis de realidad, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quesada y Ernesto Zedillo han sido los «luminarios» líderes durante estos tiempos oscuros para los periodistas en México. Y por si te interesa el chisme, 163 de los periodistas sacrificados eran hombres y 12, mujeres. ¿Igualdad en el horror?
La moral de la historia es: si quieres ser periodista en México, ven preparado, porque la vida no es fácil y tu pluma podría ser tu sentencia de muerte. ¿Estamos en el siglo XXI? Sí, y vivimos en un país fantástico para ejercer la libertad de expresión. ¡Ups! Quise decir, un lugar donde es más seguro hacer parapente sin paracaídas. ¡Hasta la próxima, colegas!
