Tom Homan, el sheriff fronterizo asignado por el jefazo Donald Trump para llevar la batuta de la cacería migratoria en Minneapolis, por fin vio la luz y admitió que la operación federal no ha sido precisamente un arcoíris de éxito. ¡Aplausos para el señor obvio!
Después de dos homicidios brutales a manos de los agentes federales y semanas de protestas que pusieron a la ciudad patas arriba, Homan decidió bajarle dos rayitas al drama y replantear su estrategia. Dice que ahora se enfocarán en targets específicos y dejarán de hacer redadas como si regalaran caramelos. Qué detalle, ¿no?
El mandamás de la frontera aseguró que, aunque seguirán deportando indocumentados, ahora lo harán más «ordenaditos». ¡Hasta tuvieron reuniones cocacola con el gobernador del estado, Tim Walz, y el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, para fingir que les importa lo que piensan! ¿A poco sí, papá?
Pero espera, que la cosa se pone mejor. ICE recibió un «memo secreto» donde les dijeron que dejen de chocar con las turbas y se enfoquen en los malosos con historial criminal. ¡Ah, qué maravilla, tanta inteligencia operativa nos hace temblar de emoción!
Por si fuera poco, el juez que ni fa ni fu decidió que ICE está violando órdenes judiciales a diestra y siniestra. ¡Ouch! ¿Quién se lo hubiera imaginado? La justicia tocando a la puerta de la corrupción.
Pero la fiesta no para, mis panas. El alcalde Frey sacó las garras y pidió con todas las letras que paren de una vez la «Operación Metro Surge», porque, si somos honestos, no ha traído más que miedo y caos a los vecinos de la bonita ciudad. Y qué culero ha sido con su «¡Ya saben quién!».
En resumen, los federales se ponen la pilas con las deportaciones y quieren ser más astutos, el jefe militar Homan asume que todo está lejos de ser perfecto, y los protestantes no dan tregua. En fin, así sigue la telenovela en Minneapolis, donde los buenos son malos y los malos son peores. ¡Estrenamos capítulo en 3, 2, 1!
