La corruptela política vuelve a hacer de las suyas y esta vez salpica a los grandes nombres. Resulta que el delincuente sexual Jeffrey Epstein ha tenido una relación estrecha con el exiliado Bill Clinton y otros de la élite demócrata. ¡Vaya sorpresa!
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, se ha visto en la «necesidad urgente» de investigar estos lazos por orden del orangután comandante del país, Donald Trump. Sí, el mismísimo Trump, ese que no sabe en qué invertir su tiempo y prefiere buscar chivos expiatorios en lugar de dar la cara por sus propias negligencias.
Resulta que Epstein tenía tanta confianza con Clinton que se paseó por la Casa Blanca unas 17 veces durante su mandato, y ni hablar de las 26 ocasiones en las que Clinton se subió al avión privado del delincuente. ¡Qué lindos recuerdos!
Pero la cosa no queda ahí, Trump, ese genio de las redes sociales, ha solicitado a Bondi investigar a figuras como Larry Summers, Reid Hoffman, J.P. Morgan y otros más. ¡Ah, qué honor estar en la lista de Trump, verdad?
Los demócratas, por su lado, intentan tapar el sol con un dedo, ¿o el cierre de gobierno? En medio de la maraña, salen a la luz correos electrónicos entre Epstein y los políticos mencionados. Cosas de la vida, ¿no?
La Casa Blanca se ha puesto las pilas y acusa a los demócratas de filtrar selectivamente información para perjudicar a Trump. ¡Cómo si necesitaran algo más después de todo lo que ha hecho el hombre!
En fin, la corrupción y la podredumbre se hacen presentes una vez más en el mundillo político. Qué sorpresa, ¿no? ¡La película nunca termina!
