En pleno bloqueo energético, Trump se saca de la manga una «toma de control amistosa de Cuba». Sí, amigo, el mismo que tiene la lengua más afilada que una mandarina. Dice que la isla está jodida, pero él con su capa de superhéroe puede hacer algo «muy positivo» por los cubanos que corren por las calles de Miami y los que aún resisten en la Isla del Castrismo.
«Ya ves, no tienen ni para el agua, pero estamos en charlas, y quizás terminemos con una toma de control que, cómo no, será amistosa después de muchos años» soltó el magnate desde su torre de marfil, perdón, la Casa Blanca, antes de su show en Texas.
Pillado en plena manipulación, Trump asegura que Cuba está en declive y pide auxilio divino, o digo, gringo. No falta más que aplaudirle, ¿no? Mientras su colega Marco Rubio «lo maneja», según sus propias palabras, dejan claro el juego de tronos con la Isla.
Pero ahí no acaba la fiesta, porque este showman menciona a los exiliados cubanos en EE. UU. y les promete algo «positivo». A ver si de tanta palabrería no se les cae el pelo a todos.
Entérate que esta telenovela ocurre justo después de que Cuba defendiera su territorio de una lancha gringa y, para rematar, perdió a su BFF Maduro, lo que les cerró la llave del petróleo. Como broche de oro, Trump mandó a poner aranceles a quien les dé crudo, dejándolos más secos que Gollum después de perder su anillo.
¿Mensaje final? ¡Aplausos, el espectáculo debe continuar! Y mientras, te recomendamos: chécate cómo Cuba se las arregla con los rusos para paliar su sed de petróleo, solo en esta saga de Donald Trump y sus amigos de la alta diplomacia.
