Rusia acusó a Ucrania ayer de atacar la residencia del presidente Vladimir Putin con drones y amenazó con represalias, una denuncia que ni Kiev ni Reuters se creen. La situación, ya complicada, se vuelve un circo con estas acusaciones.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que Putin se lo contó por teléfono y se horrorizó. ¡Qué casualidad! Aunque dice que un acuerdo pronto cerrará el conflicto, las disputas territoriales siguen calientes.
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, afirma que Ucrania lanzó 91 drones el 28 y 29 de diciembre, todos «milagrosamente» interceptados sin daños. ¡Vaya precisión militar! Pero como no hay pruebas y la prensa no puede verificar, parece más un chisme de lavandería que una noticia seria.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, tilda la acusación de chantaje barato para justificar futuros ataques, mientras Putin sigue con su ofensiva y exige a Ucrania retirar sus tropas.¡Qué valientes!
En resumen, parece que Putin y compañía necesitan una mejor historia para justificar sus movimientos. ¿O serán simplemente trucos para desviar la atención y seguir con su plan de conquista? ¡Qué tiempos!
