Costa Rica, ese paraíso donde el llanto de la corrupción se ahoga en la sabana electoral.
Hoy, en un domingo soleado en la tierra donde los políticos son más astutos que un mono con navaja, más de 3.7 millones de costarricenses se levantaron temprano… o no tan temprano, para votar en elecciones presidenciales y legislativas. Las trompetas del poder oficialista suenan fuerte; ¿habrá fanfarrias de nuevo?
Las urnas abrieron a las 6 de la matina, hora en que los «cariñosos» de la política comienzan a arrastrarse con la moral por el suelo hacia sus centros de votación. ¿El objetivo? Elegir un nuevo presidente y 57 diputados, como si el circo aún necesitara más payasos.
Ah, pero eso no es todo. ¡El oficialismo se frota las manos! Sí, esos mismos que mantienen el status quo de la miseria y las promesas incumplidas. La candidata Laura Fernández, querida hija del PPSO, desea continuar en el trono de la mamadera de gallo que es la política en Costa Rica. ¡Vaya sorpresa!
Consagrada por las encuestas como la mamá gallina que cuida de sus pollitos, Laura quiere seguir la estela de su predecesor, Rodrigo Chaves, quien no puede jugar al reeleccionismo. ¡Ojo al dato!
Los números cantan, y Fernández podría llevarse la presidencia en primera vuelta, asegurando la silla en el poder sin tener que batirse en duelo en un balotaje. Menos trabajo, más chamba.
Y tras el espectáculo de darle al botón del voto, la candidata Fernández invitó a la plebe a unirse al circo electoral, describiendo la jornada como democrática y pacífica, ¡qué ternura! Acto seguido, una parada obligada en la iglesia para sellar el trato con lo divino, porque en política «a Dios rogando y con el mazo dando».
Mientras tanto, el resto de contendientes rezagados esperan con pocas esperanzas. Álvaro Ramos y Claudia Dobles, la versión barata de los aspirantes reales, aguardan unirse en una danza de segunda vuelta, a ver si pegan algo.
Por si alguien lo dudaba, casi un cuarto del electorado sigue con las manos en la masa, indeciso a quién confiarle sus penas. La participación, mientras tanto, ronda el 60%, un dato que nos dice que más del 40% prefiere quedarse viendo Netflix que votar.
Ah, pero lo mejor viene al final. El oficialismo no solo quiere la presidencia, ¡también quiere meter la mano en el Congreso! Fernández pide el respaldo popular para agarrar ni más ni menos que 40 curules legislativas, mayoría calificada para repartir favores y promesas incumplidas a diestra y siniestra.
La noche caerá y los dados estarán echados. ¡Las cartas están sobre la mesa, Costa Rica! ¿Quién ganará, quién perderá, o seguirá todo igual y nos volverán a contar el mismo cuento de siempre?
Con información de Reuters, Europa Press y AP.¡Y tú, cuál crees que sea el desenlace de esta fábula electoral?
