**Tiroteo en Texas: La violencia armada llega a otro nivel**
En una madrugada cualquiera en Texas, un individuo decide convertirse en protagonista de una tragedia más. Disparó contra cualquier persona a su alcance en el bar Buford’s Backyard Beer Garden, dejando dos muertos y 14 heridos, algunos en estado crítico. Como si necesitáramos recordatorios de que la locura humana no tiene límites.
El sujeto de esta masacre se llama Ndiaga Diagne, un ciudadano estadounidense con antecedentes de enfermedad mental. Vestido con prendas alusivas a Alá e Irán, decidió sembrar terror y muerte a su paso. La policía, como es costumbre, llegó después de la tragedia, abatiendo al agresor cuando ya era demasiado tarde.
Un detalle curioso, no, más bien aterrador: este hecho representa el tiroteo número 56 en lo que va del año en Estados Unidos. Números escalofriantes que no parecen preocupar a nadie en el poder.
La jefa de policía, Lisa Davis, confirmó que este individuo, antes de iniciar su matanza, decidió dar un paseo previo alrededor del bar, marcando su víctima con luces intermitentes. ¿Acaso necesitamos más señales de que algo anda mal en nuestra sociedad?
Ahora, las autoridades analizan si este acto de barbarie tiene implicaciones terroristas. ¿En serio necesitamos una bandera iraní ondeando en un tiroteo para considerar una conexión extremista? ¿O eso no es suficiente?
Curioso también el historial migratorio de este «individuo»: llegó a Estados Unidos en 2000, se quedó por amor, y se naturalizó. En el medio, un arresto por un incidente menor. ¿Quién diría que terminaría siendo un criminal en serie?
¿Y qué casualidad será que este tiroteo ocurrió justo después de una operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán? ¿Coincidencia o causalidad? No lo sabemos, pero siempre es una buena excusa para más violencia.
Trump, por supuesto, ya fue informado. Y el gobernador Abbott nos dice que «Texas llora». Qué original. ¿Y las acciones concretas para evitar más tragedias? Eso no lo menciona. Seguramente, más patrullajes y vigilancia aérea nos protegerán del próximo desequilibrado mental armado hasta los dientes.
En fin, la historia se repite una vez más en Texas, una masacre más, otra cifra que se suma a la sangrienta estadística de un país que se pelea por las armas pero parece tomar estas masacres como algo natural. Una pena. Una tragedia evitable. Pero, ¿a quién le importa realmente?
