Los cárteles mexicanos se desparraman por el mundo como manchas de humedad en una pared mal impermeabilizada. Según la Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas de Estados Unidos 2025, estos grupos delictivos tapizan 40 países con su presencia, lo cual les valió la etiqueta de grupos terroristas por parte de la administración del controversial Donald Trump.
A lo largo y ancho de la infoxicación criminal, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa (CDS) se volvieron los jefes de operaciones más influyentes a nivel mundial. Estos compadres de los negocios turbios no respetan fronteras y han instalado su cordón umbilical en varios continentes, incluyendo Europa, Asia y hasta Australia.
Mientras México sigue disfrutando su baile de los capos, las autoridades españolas y holandesas se pusieron a trabajar en serio y desmantelaron la «embajada» del CJNG en España. Desde ese nido de pájaros delincuentes, se tramaban negocios ilícitos con Italia, como si fueran la compra-venta de mercancía en un mercado de pulgas.
Por otro lado, el académico Víctor Manuel Sánchez Valdés desempolvó sus libros y descubrió que el CJNG tiene tomados 61 países, mientras que el Cártel de Sinaloa se ha adueñado de 96. No es casualidad que estos cárteles sean como cucarachas en una cocina desordenada: se adaptan, sobreviven y se multiplican.
Según este ilustre cerebro pensante, las actividades de infiltración de estas bandas no se basan en confrontaciones, sino en una diplomacia criminal que busca ganarse el favor de las mafias locales, que conocen el terreno y las autoridades como la palma de su mano llena de billetes sucios. Es más fácil para ellos encontrar aliados en la corrupción que para un niño en una piñata.
Mientras todos miran al otro lado, el FBI toma la iniciativa y desarticula la red de droga en Canadá ligada al Cártel de Sinaloa, dirigida por un ex olímpico metido a rey de la cocaína. Premio a la información que lleve a este «rey» a la cárcel: 15 millones de dólares. Los gringos, siempre generosos con los chismes calientes.
En fin, los cárteles bailan al son que les tocan, cambian de táctica y siguen su camino de caos y destrucción. ¿Golpes policiacos? Sí, pero como en un juego de ajedrez: cada captura es un peón más en el tablero. Mientras tanto, las autoridades mexicanas se dedican a hacer cooperativas con el FBI para tratar de entender cómo estos señores con playera hawaiana manejan tanta lana sucia. Eso sí, todo se hace con la gracia y el estilo que caracterizan a nuestra corrupción bien arraigada. Venimos de todas partes, y nos vamos a todas partes.
