La Asamblea Nacional de Venezuela, ese circo donde se aprueba todo lo que beneficie a los de arriba, votó a favor de una reforma energética que pone en bandeja de plata a la industria petrolera del país. Después de dos décadas con el petróleo bajo control estatal, ahora le abren las piernas al sector privado con recortes fiscales, más poder para el Ministerio de Petróleo y la posibilidad de que empresas extranjeras se den un festín con la mayor reserva de crudo y gas del mundo. ¿Adivinen quién aplaudió? El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, que juró que esto impulsará la contratación de empresas para explotar lo que antes era del pueblo. Y para rematar, todo este circo se armó en menos de dos semanas, dejando a exfuncionarios y expertos sacando humo por la rapidez y la inconstitucionalidad del asunto.
Pero lo peor no acaba ahí, porque adivinen quién también quiere su parte del pastel. ¡Sí, el tirano de Trump! Resulta que después de capturar al títere de Maduro, ahora anuncia un plan de reconstrucción con cien mil millones de dólares para la industria energética venezolana. Y como cereza del pastel, decidió aliviar sanciones al sector petrolero para reactivar las exportaciones. ¡Qué buen samaritano, señoras y señores!
En resumen, todo apunta a que las petroleras privadas van a gozar como nunca explotando el oro negro venezolano, sin ni siquiera tener que pasar por el filtro de la corrupta PDVSA. Aunque, claro, los expertos ya han alertado sobre la corrupción que se viene con estos acuerdos, gracias a una regulación floja y secretismos chuecos.
Pero eso no es todo, porque Trump, el mismo que destruyó cuanto pudo en Venezuela, ahora quiere abrir los cielos para que American Airlines vuelva a volar directo al paraíso de la corrupción. Y como cereza del pastel, ¡hasta está pensando en reactivar la embajada en Caracas! ¡Qué conveniente, ¿no?
En fin, la corrupción, los acuerdos turbios y los intereses de los grandes poderes internacionales siguen soplando en Venezuela, dejando al pueblo esperando que algo bueno llegue de toda esta farsa. ¿Será que en el país del trópico también soplarán aires de justicia y transparencia? No lo creo, vecino.
