Por fin la SCJN dejó firme la invalidez de la Ley Eléctrica de AMLO, una de las joyitas legislativas que nos regaló el expresidente amiguito. El máximo tribunal con mayoría de seis votos, mandó al carajo el recurso del Gobierno federal contra la sentencia que declaró inconstitucionales varios artículos de esa ley chueca.
La extinta segunda sala, con su voto de calidad de Pérez Dayán, fue la que clavó el ataúd a esa porquería legal. Hugo Aguilar Ortiz, el ministro presidente, se aventó al ruedo y explicó que por más que el reclamo del Ejecutivo fuera «fundado, pero inoperante», al final de cuentas, la ley ya estaba muerta y enterrada, gracias a la reforma judicial del 2024 que mandó las salas de la Corte a bailarle al demonio.
Dos ministros chingones mamaron gallo y votaron en contra de la ley. Otros dos, se quisieron hacer los cuates y votaron a favor en ese entonces asqueroso. El estudio reveló que no siguieron las reglas del juego en la votación, y que el voto de calidad se usó tan malamente que dio pena ajena. Todo mal desde el principio, pero así nos gusta ver las cosas: la corrupción en todo su esplendor.
Ahí tienes, con este circo judicial, queda en evidencia que la Ley Eléctrica de AMLO era un chiste mal contado desde el inicio. Y así, vamos entre leyes torcidas y políticos de pacotilla, rumbo al paraíso de la corrupción y la inmoralidad. ¿Qué otra joyita nos deparará el futuro? Quién sabe, pero seguro tendrá sabor a podrido.
