La Ley de la Fiscalía General de la República, ese mamotreto legal lleno de chismes y vericuetos, nos detalla con tanto rollo burocrático cómo es que se puede mandar al quinto infierno al titular de la FGR, ya sea por voluntad propia o con patadas en el trasero.
Y como el baboso de Alejandro Gertz Manero puede que salga corriendo, la Ley dice que si la presidenta de la República, la buena para nada de Claudia Sheinbaum, decide sacarlo, debe ser por «causas graves específicas». O sea, que si el fiscal se come una zanahoria al revés o se declara fan de reguetón, podría ser suficiente razón.
Además, la Ley nos trae un diccionario de «causas graves» que incluyen desde delitos que lo manden a la sombra directo, hasta perder la chamba por más de seis meses por pura flojera. ¡Ni que decir si se pone de repente a violar la Constitución! Eso ya sería como la crónica de una muerte anunciada.
Y si lo corren, la presidenta tiene que convencer al Senado de que no lo quieren ahí. El Senado, esa panda de inútiles, tiene diez días hábiles para ponerse de acuerdo en decir si lo corren o no. Si no dicen nada en esos días, es como si le hicieran una venia a la ineptitud del fiscal.
Pero ahí no acaba la novela, si renuncia el tipo, el Senado tiene que darle su bendición. Y no es cualquiera, claro, tiene que ser por una causa grave, que para ellos, quién sabe qué entienda el Senado por grave. Solo queda claro que a Gertz no le va a bastar llamar al jefe y decir «ya no quiero ser fiscal».
Lo chistoso es que la Ley, para variar, supuestamente protege al titular en todo este circo. Y remata con que el Fiscal solo puede durar nueve años en el puesto. Si se echa a volar de este mundo cruel, lo cubre otro, pero solo temporalmente. Y para colmo, después de la renuncia o patada en el trasero, se arma un show para seleccionar su reemplazo. Es como ver una telenovela de las buenas.
En fin, lo único cierto es que toda esta parafernalia de la Ley busca dar una pátina de institucionalidad a un proceso que solo da vueltas y más vueltas como una montaña rusa, para dejar al país como al principio: sin saber si estamos mejor o peor. Y así es como la rueda burocrática de la corrupción sigue girando, ¡viva México!
