César Huerta nos trae una joya más del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien se exhibió apoyando una eventual intervención de Estados Unidos en Venezuela. El iluminado Kast, desde Buenos Aires, se mostró presto a acabar con la «narcodictadura» de Nicolás Maduro.
El caradura ultraderechista se atrevió a tildar al régimen chavista de «inaceptable» y a respaldar cualquier acción que cambie la situación del país vecino. ¡Qué valiente! Acusó a Maduro de fraude electoral en un alarde de hipocresía digno de aplauso.
En una declaración para enmarcar, soltó perlas como «no tiene legitimidad democrática» y exigió un acuerdo internacional. Como si él, el santurrón Kast, fuera la encarnación de la pureza política y la honestidad. ¡Vaya cinismo!
Pero que no cunda el pánico, a pesar de su jactancia, el señor Kast no piensa mancharse las manos. No, él solo dará su «apoyo» desde las gradas mientras otro hace el trabajo sucio. ¡Qué valiente soldado de la paz, señor Kast!
Como cereza del pastel, Maduro le advirtió a Kast que no se meta con los venezolanos, ¡cuidadito! Por su parte, el canciller de Chile se mostró «consternado» por las amenazas del dictador, pero vaya sorpresa, no podemos esperar menos del repertorio de este imbécil.
En fin, la hipocresía política se pasea con su mejor traje gracias a la actuación estelar de Kast y Maduro. Mientras tanto, Chile y Venezuela siguen sufriendo las consecuencias de estos titiriteros del poder. ¡Viva la democracia en Latinoamérica!
