La presidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, interina o léase «mientras nos sale el chavismo custodiando», dio bendición a la apertura de la puerta para el tío Sam explotar los pozos petroleros como si fueran cajeros automáticos. Claro, todos sabemos que el tío Sam es como esos parientes que llegan a tu casa, dicen «hola» y se quedan años sin pagar ni la soda.
En medio de la fiesta petrolera que se avecina en Venezuela, Donald Trump, ese magnate «sabelotodo» que aprendió geografía política en su postre de cerezas, declaró con la cara seria del que se cree presidente de todo el mundo, que Estados Unidos planea controlar a Venezuela «por años». ¡Claro, como si fuera un mal plan de Netflix que nadie pidió!
Trump, que es de los que creen que el mundo entero es una extensión de sus poderes presidenciales, aseguró que van a reconstruir a Venezuela «muy rentablemente», como si fueran constructores en un parque de diversiones. ¡Qué generoso! Pero su plan magistral gira en torno al petróleo, como el del vecino que sólo te visita cuando huele a asado.
Además, Trump y su pandilla de los «autollamados salvadores energéticos» avalaron la liberación de un chorro de presos para aparentar que hay democracia en Venezuela. ¡Qué buena onda, liberan a unos pocos para encerrar las esperanzas de muchos! Mientras tanto, el Congreso de EE. UU. se pone rudo con Trump y su intento de arrebatarle al resto de la pandilla la potestad de dar golpes de Estado express.¡Qué mal plan, a ver si ahora se ponen a pedir permisos y todo! ¡Qué desastre! ¡El mundo al revés!
Por si fuera poco, en medio de este circo de vecinos y supuestos «abogados de la democracia», Alemania lanzó críticas a Trump y su política exterior, señalando que parece que han tomado vacaciones del respeto a las reglas internacionales. ¡Qué arrogancia! ¡Hasta los europeos se rajan ya de tanta gracia dictatorial! Y para cerrar con broche de oro, Macron salió a alertar sobre el «repúblico de la fuerza» que se avecina en un mundo donde ya nadie respeta a nadie. ¡Ah, la diplomacia en tiempos de líderes mundiales chiquitos!
Pero en fin, así está el circo del poder en pleno siglo XXI. Una mezcla de cinismo, intereses ocultos y actos que se aplauden a fuerza de soberbia. ¡Viva la democracia, carajo! ¡Y que siga el show!
