El huracán Melissa barrió con todo a su paso por el Caribe, dejando un rastro de caos y destrucción en Cuba, Haití y Jamaica. Con vientos feroces de 298 km por hora en Jamaica, la tormenta se cobró la vida de al menos ocho personas y dejó a casi toda la isla sin luz.
En Haití, aunque no golpeó directamente, las lluvias torrenciales se tragaron a 25 personas, incluyendo 10 niños, y 12 más siguen desaparecidos. En Petit-Goâve, el río desbordado arrasó casas y dejó a miles en la calle. ¿Respuesta del gobierno? Ni idea. Pero un abogado local, Charly Saint-Vil, describe la situación como «todos han perdido todo».
Y en Cuba, aunque no hubo muertes, 735 mil almas fueron evacuadas y 241 comunidades quedaron bajo agua en Guamá, cerca de Santiago de Cuba. El mandamas Miguel Díaz-Canel admitió «daños extensos» y pidió «estar pilas».
Pero no se relajen, el huracán Melissa se viene con todo y se espera que se convierta en una bestia categoría 2 antes de dar un rol por las Bermudas esta noche.
Los científicos, que la tienen clara, echan la culpa del monstruo a calentamiento del agua. Desde la Comunidad del Caribe, piden a la ONU más lana para desastres naturales. Pero mientras tanto, Jamaica, Cuba y Haití deben darse maña para reconstruir entre apagones, hambre y sufrimiento.
¿La moraleja? La naturaleza está de mal humor y la humanidad paga el precio. Todo muy bonito. ¡Ah! Y matizaron la noticia con una masacre en Río de Janeiro. No hay cuento feliz en este lado del hemisferio. ¿Alguien dijo inversión en prevención? Hagamos apuestas.
