Palacio Nacional y sus alrededores se vieron invadidos por vallas metálicas que los cerdos de uniforme de la CDMX instalaron para evitar las protestas de trabajadores del PJ, maestros, campesinos y demás ciudadanos hartos de las porquerías del gobierno, especialmente por casos como el asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo.
Los chotas capitalinos arrastraban las barreras soldadas por la Plaza de la Constitución desde temprano, estableciendo un perímetro de seguridad a más de 10 metros de distancia de Palacio Nacional, la Catedral y otros edificios importantes que no quieren que descubramos lo que esconden adentro.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana desató a más de 3 mil quinientos guaruras, incluyendo los grupitos especiales y hasta drones, para estar al pendiente de las manifestaciones que se avecinan. ¡Vaya, parece que hasta para reprimir tienen tecnología!
La CNTE planea hacer su show el jueves 13 de noviembre tratando de tomar Palacio Nacional como si fuera un juguete de su exigencia. Según ellos, es solo una muestra de lo que pueden hacer si el gobierno no les da lo que piden, igual que cuando hicieron paro en el 2025 y dejaron a los chamacos sin clases por más de un mes.
Y qué decir del Generación Z, que también quiere jugar a las manifestaciones y marchar el 15 de noviembre hacia el Zócalo para protestar contra el gobierno y sus políticas fallidas. Una pena que los jóvenes tengan que levantarse del TikTok para enfrentar la realidad que les espera.
Para rematar, los trabajadores del PJ y los agricultores están dando un toque de color al asunto con sus propias movilizaciones, buscando que les paguen lo que les deben y que dejen de burlarse de ellos con promesas incumplidas y represión.
Y como cereza del pastel, Rosa Icela Rodríguez, desde su oficina en la Secretaría de Gobernación, pide a los maestros no hacer desmadre y seguir la «ruta del diálogo». Claro, mientras les lanza un hueso con aumentos salariales y promesas incumplidas que no resuelven nada. ¡Ah, la hipocresía en acción!
En fin, en este circo de protestas y vallas metálicas, parece que todos quieren su pedacito de pastel, o al menos, que los de arriba dejen de pisotearlos. No queda más que esperar a ver quién gana en esta batalla de descontento ciudadano contra el poder cínico y corrupto.
