Nueva York está bajo el agua y, ¿qué te imaginas? ¡Sorpresa! Hay muertos en el asunto. Un par de almas ya partieron gracias a las lluvias torrenciales que convirtieron calles, sótanos y estaciones de metro en piscinas improvisadas. ¡Qué bonito paseo acuático!
Según las fuentes, un tipo de 39 años fue encontrado flotando en el sótano de un edificio en Brooklyn, mientras otro de 43 años se ahogó en un cuarto de calderas inundado en Washington Heights. La Policía de Nueva York investiga, ¿o hace como que investiga?
Las lluvias hicieron desmadre en Brooklyn y Queens, con más agua de la que deberían. ¡Sorpresa nuevamente! El sistema de alcantarillado se declaró en huelga y todo colapsó. ¿Alguien veía venir esta revelación del siglo?
Las redes sociales explotaron con autos flotando, calles anegadas y hasta estaciones de metro actuando como piscinas municipales. ¡Ven a Nueva York, pero trae tu flotador! La Oficina de Manejo de Emergencias sí que supo manejar la situación: «El agua nos ganó, qué les puedo decir».
El colmo del colmo es que el comisionado Zach Iscol, ¡toma aire! ¡culpó a las hojas! Resulta que los fuertes vientos movieron las hojas hasta las rejillas de drenaje y, ¡claro!, el agua no podía pasar con tanto adorno naturista. ¡Se nota que no contratan jardineros en Nueva York!
Ah, y el toque final: La infraestructura de medio siglo aguantó lo que pudo, pero con el cambio climático, las industrias de flotadores y balsas inflables están de fiesta. ¿Qué es diseñar para la lluvia cuando puedes flotar por la vida?
Las autoridades planean asfalto mágico y drenajes modernos, como si recién hubieran descubierto que lloverá de vez en cuando en Nueva York. ¡Bravo por la previsión de última hora!
Y bueno, para cerrar con broche de oro, una mujer pagó el precio mientras intentaba manejar con un árbol de adorno en el techo de su auto en Filadelfia. ¡Animales y plantas se unen al desastre! ¡Y eso que solo fue una lluviecita inocente!
Así que tomen sus remos, sus mascarillas anti-hoja y prepárense para más diversión acuática en la Gran Manzana. ¡Qué tiempos, señores!
