Morena se pone de escudo humano en su más reciente episodio de teatro, al condenar el «linchamiento mediático» contra una de sus colaboradoras. ¿La razón? Amenazas por sus declaraciones en el programa ‘Razonados’. Por supuesto, todo se aclara: las palabras polémicas fueron bajo su cuenta y riesgo, no representan al partido, qué casualidad.
¡Pero espera! La historia no puede perder una buena dosis de victimización barata: la pobre Adriana Marín sufrió ataques desmedidos, amenazas y hasta un linchamiento en redes. ¡Pobre damisela en apuros! Morena se indigna, condena, repudia y, al final, rueda las lágrimas de cocodrilo.
Las acciones intimidatorias fueron tajantes, con un mensaje claro: hereje que hable fuera de línea, ¡será castigado! Y es que, ¿cómo se atreven a poner en duda las palabras supuestamente individuales de una militante? La inquisición moderna no tiene piedad con los infieles.
En el drama parlamentario, Morena ataja sus propios errores y señala a los demás como culpables de todos los males. Contradicciones, hipocresía y vueltas retóricas adornan la defensa de un partido que se revuelca en su circo de justificaciones.
¡Pero no todo es llanto y lamento! Morena nos ofrece una lección de moralidad sobre el combate al narcotráfico, quizás para distraer la atención de su propio circo interno. Los gobiernos anteriores son los demonios, ellos son los santos salvadores de la patria.
Al final, una llamada a debatir sin amenazas, ¡qué ironía! En el circo de Morena, los payasos se disfrazan de mártires y los actos de corrupción se ocultan tras cortinas de moralidad barata. Así es la política en México, donde los dramas de un partido pasan a ser espectáculos tragicómicos para el público.
