En la Ciudad de México, las autoridades federales y capitalinas han anunciado con bombo y platillo la detención de seis individuos relacionados con una organización criminal trasnacional; ¡Ojo, que no es cualquier cosa! Estos tipos están metidos en delitos como extorsión, privación ilegal de libertad, homicidio, tráfico de drogas, armas, tráfico ilegal de migrantes y trata de personas. Un combo completo de bondades, ¿no creen?
Según el jefe de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, estos capturados son parte del círculo vicioso del Tren de Aragua, una joyita que tiene su historial desde hace rato. Y, por si no lo tenían claro, en octubre del año pasado, ya habían agarrado a Nelson Arturo «N», el líder del cártel Tren de Aragua en México, junto a su compinche Gabriel «N», otro fichado más en la lista de la vergüenza.
Pero, vamos al plato fuerte: Lesli Valeri “N”, ¡un monumento a la maldad! Le encanta el explotar sexualmente a pobres mujeres, distribuir drogas y manejar el control de mujeres víctimas. Y espérense, que no todo termina ahí, también es el enlace con la delincuencia local. ¿A poco no es un encanto de persona?
Y si creían que con Lesli estaban chocando contra la peor calaña, Bryan “N” se lleva el premio. Es el cerebrito financiero del grupo, facilitando locales para guardar a las pobres víctimas y a los integrantes del grupo criminal. ¡Un detalle de persona!
Las labores de vigilancia dieron frutos en Valle Gómez, donde se encontraron dos rinconcitos de amor usados por estos angelitos, repletos de metanfetamina, marihuana, celulares, armas, dinero en efectivo, computadoras y hasta una libretita con los cobros a las mujeres explotadas en Ciudad de México. Todo un buffet de atrocidades.
Y para rematar la tarde, Bryan “N” cayó en Iztapalapa, redondeando una jornada exitosa de las autoridades. Pero claro, siempre hay más, más corrupción, más delincuencia, más historias que retratan lo peor del ser humano.
En resumen, la Ciudad de México sigue siendo el escenario perfecto para estos dramas de la vida real. Y mientras tanto, nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, seguimos siendo los espectadores involuntarios de un circo que nunca parece cerrar sus puertas. ¡Bravo, aplausos para todos!
