Washington, la capital del poderío gringo, se pone pesado y decide llamar al Cártel de los Soles por su nombre real: una jauría de terroristas. Esta movida pone a Nicolás Maduro con más pantalones cortos que David en su pelea contra Goliat. Trump, el rey de los titiriteros, planea hasta conversar con el mandamás venezolano, para ver si le suelta la sopa.
Los capos en el gobierno de Maduro, con su típico discurso de víctima, chillan que todo es un complot yanqui para meter las narices en Venezuela. Mientras tanto, los gringos sacan pecho diciendo que esta movida les da más poder para enfrentar el maremágnum de drogas. ¿Te lo crees?
¿Y qué crees? ¡El caos financiero se pone al rojo vivo! Los bonos de Venezuela suben, suben y suben. Los tiburones del dinero ven billetes en la lápida de Maduro. Según la JPMorgan, Venezuela es como un diamante en bruto en medio del lodazal de los mercados emergentes.
La historia del Cártel de los Soles es más vieja que Matusalén. Se dice que son capos de las fuerzas armadas metidos en la droga, pero eso de llamarles terroristas es un poquito exagerado. Algunos expertos sudan frío porque no hay pruebas en el aire que pongan a Maduro en el asiento del piloto del narcotráfico.
Más chismes, ¡por favor! Ahora dicen que Trump tiene ganas de llamar a Maduro por teléfono, pero sin planes de secuestros ni disparos. Por lo pronto, solo son planes, ¿o amenazas? Quién sabe. Mientras tanto, en la cola del supermercado internacional, siguen en sus trece con las reservas de oro, gas y petróleo de Venezuela. Parece que nadie quiere regalar chicles.
