Hay fiestas que no celebran años: celebran mensajes políticos.
La reunión masiva de Israel Félix Soto en los salones Macros de Mineral de la Reforma no fue un cumpleaños cualquiera. Fue una demostración de fuerza, una pasarela de sobrevivientes del viejo régimen y, sobre todo, una provocación directa a la memoria pública de Hidalgo.
Porque mientras en las mesas corrían abrazos, sonrisas, operadores de otros municipios, exfuncionarios del fayadismo y botellas caras, afuera quedaba una pregunta incómoda: ¿cómo es que un personaje tan cuestionado puede caminar con tanta tranquilidad en el nuevo régimen que prometió combatir exactamente eso?
Los señalamientos que siguen sin resolverse
Israel Félix no llega limpio al escenario político. Su nombre ha sido ligado públicamente a señalamientos por irregularidades millonarias en Mineral de la Reforma. La administración actual anunció observaciones por más de 287 millones de pesos y la intención de presentar denuncias formales. No se trata de rumores de café: se trata de señalamientos ventilados en medios, con cifras, documentos y rutas institucionales.
Pero en Hidalgo la justicia parece tener calendario electoral.
Del viejo régimen a la narrativa de la transformación
Ayer, Israel Félix era uno de los rostros del viejo poder. Fue operador, beneficiario y figura del grupo político que durante años gobernó Hidalgo desde la soberbia. Incluso cuando Julio Menchaca era senador, Félix lo cuestionó públicamente con dureza, exhibiendo el tono de quien se sentía protegido por el aparato de entonces.
Hoy, sin embargo, el mismo personaje reaparece envuelto en lenguaje de transformación, hablando de respaldo al gobernador, de apoyo a la 4T y de compromiso con el pueblo.
La metamorfosis no es ideológica. Es de supervivencia.
Y eso es lo que más inquieta a la militancia morenista: la sospecha de que en Hidalgo ya no basta con haber enfrentado al viejo régimen, porque el viejo régimen encontró la manera de entrar por la puerta grande, sentarse en la mesa principal y pedir otro trago.
La pregunta que recorre la política hidalguense
La pregunta que corre entre la clase política no es menor: ¿Israel Félix logró comprar impunidad política dentro del nuevo gobierno?
No se afirma como sentencia judicial. Se plantea como lectura política. Porque cuando alguien carga tantos cuestionamientos y aun así organiza un evento masivo, convoca estructuras, presume músculo y se mueve sin mayor costo, la percepción pública se vuelve inevitable.
Más grave aún: su fiesta no sólo exhibió poder económico y capacidad de movilización. También mostró la fragilidad de Morena para poner límites éticos. Porque si la transformación acepta a todos sin exigir cuentas, deja de ser movimiento y se convierte en refugio.
Lo que realmente está en juego
El problema no es que Israel Félix quiera regresar.
El problema es que parezca que nadie se lo impide.
El problema no es que busque futuro político.
El problema es que antes no haya aclarado su pasado.
El problema no es que celebre su cumpleaños.
El problema es que muchos sienten que lo que realmente celebró fue su impunidad.
En Hidalgo, el mensaje fue brutal: mientras unos militantes siguen defendiendo la transformación en territorio, otros personajes del viejo régimen ya aprendieron a pronunciar sus consignas, a aplaudir al gobernador correcto y a esperar la siguiente candidatura.
Cuando la transformación pierde sus límites
La izquierda no puede convertirse en lavandería de expedientes políticos.
Porque cuando la impunidad se viste de guinda, deja de ser justicia selectiva y se convierte en traición histórica.
Y si Morena permite que los buitres del viejo régimen se sienten a la mesa de la transformación, no tardará mucho en descubrir que no llegaron a sumarse: llegaron a devorarla.
