**¡Con un Bachillerato en cada esquina, la SEP cambia el juego!**
El «Bachillerato Nacional» se alza como la nueva joya de la corona en la Educación Media Superior de México, según la verborrea oficial. ¿Una revolución? Vamos a analizarlo con lupa ciudadana.
Doble certificación, currículum regional, elevando la equidad y la inclusión… suena bonito, pero desempolvemos la cortina de humo y veamos qué hay detrás de tanto alarde. Esa doble certificación con el flamante Certificado de Terminación de Estudios y el glamuroso Certificado de Formación Profesional ¿servirá para algo más que engordar expedientes?
La gran meta de la cobertura nacional del 85% ¿será más que un número bonito en presentaciones oficiales? ¿Cómo se eliminarán de verdad las desigualdades y se garantizará el acceso universal? Porque si algo sabemos en este país, es que todos pueden acceder a la educación, lo difícil es que sea de calidad.
¿Dos rutas, dos caminos para atender a la diversidad de intereses? ¡Doble oportunidad para meternos el mismo cuento! Y esa maravilla de la ampliación de la infraestructura educativa con la construcción de nuevos planteles ¿será la solución para tapar los baches de años de abandono?
37,500 lugares nuevos, ley en camino… pero sabemos que en México los comunicados oficiales brillan más que las acciones reales. La promesa de la renovación, la inversión millonaria… todo suena a gloria celestial, ¿pero llegarán esos beneficios a la última esquina de este país?
Así que, amigos, no se conformen con las palabritas bonitas al ritmo de discursos políticos. Si quieren una educación de calidad, sigan el rastro de la tinta que corre en los contratos, en las licitaciones y en cada peso invertido. Porque la única certificación que vale es la de los resultados reales, no la que cuelga bonita en un marco.
