Llamada y ultimátum marcan el fin de Maduro
El exlíder venezolano Nicolás Maduro se quedó más confundido que un político honesto en plena campaña después de una llamada telefónica con el presidente Donald Trump, semanas antes de que lo bajaran del pedestal el 3 de enero. The New York Times sacó a la luz estos chismes del poder, basándose en informantes huérfanos de lealtad en ambos bandos.
Según los chismosos, después de días de amenazas entre tweets, ambos se tararearon el 21 de noviembre durante menos de 10 minutos. El intercambio fue cursi, como en una cita a ciegas. El magnate elogió la voz de Maduro. El líder chavista, hablando a través de un traductor, le tiró un piropito: dijo que a Trump le hubiera gustado más si lo veía en persona, recién bañado y bien vestido. ¡Qué chistosito!
En resumen, Maduro lo entendió como una amistad eterna, mientras que Trump agarró su insulto encubierto. El gordito pensó que todo estaba bien para seguir bailando salsa, pero el rubio ya estaba preparando las maletas del chavismo.
El plan era tratar de sacarlo en una elección adelantada, con la condición de que se raspara de inmediato. Claro, Maduro prefirió quedarse y seguir vagando en palacio mientras Trump pensaba en invadir Venezuela con su taco Trump Tower.
Mientras tanto, el abogado principal de Maduro, Barry Pollack, está molesto porque el Depto. del Tesoro decidió cortarle en seco los billetes para el bufete. Ahora Pollack está más enojado que Maduro en día de rumba sin ron.
Además, Tarek William Saab renunció como fiscal general otra vez sin dar razones claras. Alfredo Ruiz también renunció por problemas misteriosos y ahora la Asamblea Nacional está nombrando reemplazos como si fueran caramelos en Halloween. ¡Qué circo, señores!
En resumen, Maduro sufrió la maldición del teléfono al mamar gallo con Trump y ahora está más botado que colilla de cigarrillo en plena crisis económica. ¡Qué mal rato, Nicolás! ¡Esperamos tu próximo show en Netflix!
