México se convierte en el tonto útil de las aerolíneas estadounidenses, regalando lugares en el AICM a costa de las nacionales. Claudia Sheinbaum, la mandamás de la nación, anunció con bombo y platillo que se ha decidido hacer una entrega de slots en el aeropuerto capitalino, para que las compañías gringas se frotan las manos con la competencia desleal.
La presidenta, en un acto de generosidad sin límites, ha permitido que las aerolíneas mexicanas cedan parte de sus vuelos a las empresas estadounidenses, todo en aras de esa linda palabra llamada «competitividad». ¿Y los nacionales? Que se jodan, total, es mejor beneficiar a los extranjeros para mantenerlos contentos.
Este acto humillante para la industria aérea mexicana se dio después de que el Departamento de Transporte de EE.UU. sacara la látigo y excluyera a México de nuevos vuelos hacia su territorio. ¿El castigo? Ni un vuelo más desde el AIFA hacia el imperio gringo.
Sheinbaum, confiando en su encanto y capacidad negociadora digna de un vendedor de alfombras, espera que EU recapacite y dé marcha atrás en sus restricciones. ¡Pero qué ilusa! Seguro piensa que Santa Claus existe y que los gringos son unos ángeles bondadosos.
La presidenta insistió en que es vital que las aerolíneas yanquis operen en ambos aeropuertos de la CDMX, para «equilibrar la carga aérea» y crear un sistema unificado. ¿En serio creemos que a ellos les interesa nuestro equilibrio? ¡Por favor! Solo están viendo cómo exprimen nuestras riquezas pensando que somos idiotas.
En resumen, una entrega gratuita y vergonzosa a manos de la fantasiosa diplomacia mexicana, mientras las aerolíneas locales tragan sapos extranjeros. ¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!
