La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) sigue subiendo como la espuma del shampoo sin lágrimas para las familias mexicanas. En una jornada donde el cinismo y la hipocresía bailaron juntos, la BMV alcanzó un nuevo nivel máximo histórico, demostrando que los ricos siguen enriqueciéndose a costa de los pobres.
En esta película de terror financiero, el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) se elevó gracias a las acciones de empresas como Gentera, Grupo Aeroportuario del Pacífico, Industrias Peñoles, Banregio y Televisa. Una bacanal de ganancias para unos pocos mientras el resto se conforma con las sobras.
Mientras tanto, el peso mexicano tuvo su propia fiesta, de esas donde bailas solo y terminas chocando contra la pared. Se depreció frente al dólar, cotizándose alrededor de 17.60 pesos, en medio de un tipo de cambio sólido que solo beneficia a los que ya tienen mucho.
Pero la trama de esta historia telenovelesca no acaba ahí. La aversión al riesgo global, desatada por las amenazas y caprichos del Señor de la Casa Blanca, Donald Trump, desató turbulencias en las divisas de economías emergentes. Mientras tanto, Francia y Estados Unidos se lanzan pullas como adolescentes en un salón de clases.
Por si fuera poco, el dólar tuvo un bajón y el Dow Jones cayó como las esperanzas de la clase trabajadora. Las materias primas se fueron por las nubes, reflejando la incertidumbre del mundo en manos de líderes erráticos y egocéntricos. Oro, plata, todo sube, menos el bienestar de la gente común.
En resumen, la BMV hace su agosto en pleno enero, mientras los problemas globales y las actitudes infantiles de los poderosos siguen marcando la pauta. Mientras tanto, el pueblo que trabaja duro solo recibe migajas y palmaditas en la espalda. ¡Qué joyita de sistema estamos construyendo, señoras y señores! ¡Viva el circo del poder y que los ciudadanos comunes y corrientes disfruten del espectáculo!
