Irán acusa a Estados Unidos ante la ONU por fomentar protestas
El gobierno iraní no se anda con chiquitas y decidió poner en su lugar a Trump y sus mañas de querer meter la cuchara donde nadie lo llamó. Resulta que Irán, en un arranque de valentía, denunció frente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al señor presidente de Estados Unidos por andar soltando declaraciones que, según los de Teherán, solo provocan violencia interna y ponen la estabilidad del país al borde de una crisis.
Para nadie es un secreto que Trump tiene una lengua larga y peligrosa, y ahora el embajador iraní, Amir Saeid Iravani, lo puso en la mira por alentar públicamente a los manifestantes iraníes a seguir con las protestas y hasta les echó porras para que se cuelen en las instituciones del país. ¡Ni que fueran porras en un partido de fútbol!
El descontento no se queda en las palabras, resulta que Irán está hirviendo en coraje porque consideran que esto no es una simple declaración, sino una intromisión descarada en sus asuntos internos que pone en jaque su soberanía. Vamos, que Trump se estaba pasando de la raya con sus incitaciones a la violencia y la inestabilidad política, provocando que Irán les mande a decir que se calmen con tanto show.
Lo mejor de todo es que los iraníes no andan cojeando en una pata, también señalaron a Estados Unidos y a Israel como los responsables de cualquier daño a civiles que resulte de la tensiones y el clima hostil en el país. Y como cereza del pastel, piden a la ONU y al Consejo de Seguridad que les paren el carro a los gringos y los sionistas, exigiéndoles que corten de raíz cualquier acto que pueda agravar la situación.
Definitivamente, Irán está harto de Trump y su combo, y no se queda corto en exigir que se tomen cartas en el asunto para evitar que las cosas se pongan peor. Por su parte, Trump todavía no responde si es que va a cambiar su estilo provocador o si seguirá con su retórica inflamatoria. Este duelo de titanes ha dado inicio y claro, solo podemos esperar más chismes internacionales dignos de telenovela, en este circo de la política mundial. ¡Qué emoción, señores!
