¡Yankees se apoderan del petróleo venezolano! Sí, así como lo oyes, el Tío Sam lanzó su plan maestro para controlar toda la venta y distribución del oro negro venezolano. Una movida que bien podría titularse como «El saqueo al estilo Trump» se oficializó con bombos y platillos en una conferencia energética en Miami, porque sí, aquí los chanchullos y tratos turbios se hacen en lugares paradisiacos.
Según el secretario de Energía, Chris Wright, el plan consiste en dos fases: primero, sacar al mercado el crudo venezolano almacenado, y segundo, vender toda la producción futura de Venezuela. ¡Brillante estrategia! Claro, todo para que los billetitos fluyan directo hacia las arcas de Washington, bajo una supervisión muy cuestionable, por supuesto.
Para redondear el show, Trump nos enteró que Venezuela le endilgará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, apenas para que juegue con ellos a su antojo. Y atención, la guinda del pastel es que solo producirán dólares, que a lo mejor, quién sabe, podrían algún día regresar a Venezuela… O no, porque eso depende del país del Tío Sam y sus amigotes.
La Casa Blanca, cual reina de la hipocresía, se jacta de que ya tiene en marcha este atraco disfrazado de negocio. ¿Transparencia? ¡Qué va! Aquí el único «claro» es que EE. UU. maneja con puño de hierro los grilletes petroleros de Venezuela.
Y para añadirle más drama a la telenovela, el senador Marco Rubio sale a la palestra para justificar el latrocinio, porque así, con la mano en el corazón, dice que todo es para evitar la corrupción y lograr «una transición política ordenada», ¡sí, así como lo escuchan!
¿Y Rusia? Pues claro, sale a defenderse y gritar que les quitaron un petrolero bajo bandera rusa… ¡Pero qué tiernos, siempre defendiendo lo indefendible! Las consecuencias salpican hasta los precios del petróleo mundial, que como por arte de magia, empiezan a desplomarse, como quien quiere huir de esta vorágine de codicia y control.
El cínico show no para, y Trump ya convoca a las petroleras a una reunión por la puerta trasera para hacer sus trapicheos. El resto de la trama incluye rescates misteriosos, llamadas telefónicas estratégicas y hasta la invitación a António Guterres de la ONU, para que «eche un vistazo» a los destrozos causados en Venezuela por esta película de acción.
En fin, el túnel sin fin de la corrupción y las maquinaciones del poder se manifiestan una vez más, y aquí estamos, chupándonos el circo del petróleo con sabor a pesadilla de Hollywood… ¡Y aún hay más por ver!
