Groenlandia, ¿a quién le pertenece y por qué la quiere Trump?
Groenlandia, ese pedazo de tierra helada en medio de la nada, ha vuelto a ser el dulce del presidente Donald Trump. Sí, el mismo que se despide de la Casa Blanca con más polémicas que un reality show barato.
La isla más grande del mundo ha sido el centro de un juego de poder y ambiciones geopolíticas, donde Trump quiere jugar a ser el dueño de todo. Bueno, al menos con la parte que no está llena de hielo, ¿qué podría querer de eso?
Las declaraciones desde la Casa Blanca han encendido alarmas en Europa, aunque aquí en la patria de los valientes las sirenas no suenan tan fuerte. Parece que la corona danesa tiembla, pero todavía no tanto como debería.
Se ha hablado de meter al ejército estadounidense en este juego bizantino. ¡Claro, porqué no!, si total siempre es una opción, ¿no? Los grillos suenan entre Dinamarca y Groenlandia para evitar un conflicto diplomático, quién diría que un trozo de hielo podría traer tanto alboroto.
Groenlandia, esa joya autónoma de Dinamarca, con sus 56 mil habitantes que vivirán al borde del abismo si las fichas de este ajedrez no se acomodan, pero ¿a quién le importa en la Casa Blanca?
Hablando de intereses estratégicos, Trump se frota las manos pensando en los recursos escondidos en este terruño gélido. Petróleo, gas, minerales raros, todo lo que un magnate en potencia desearía tener a su lado. China y Rusia, dos palabras que hacen temblar a más de uno en Washington, están allí para darle ese toque de emoción al guiso.
Y Trump, tan ingenuo él, dice que sólo le importa la seguridad. Claro, como si la seguridad nacional se resumiera en tener más tierras, aunque sean inhóspitas y llenas de pingüinos. Hasta su exasesor lo ha dejado claro, los minerales críticos son el as bajo la manga de esta partida.
Quién diría que un trozo de hielo podría desatar tanto drama, pero bueno, mientras tanto en la Tierra se gana otro capítulo en este melodrama de poder que amenaza con convertirse en un circo global.
Y así, en medio de esta comedia diplomática, Trump se despide con honores, o al menos eso cree él. Mientras tanto, el mundo real sigue girando con sus guerras de intereses y ambiciones, donde Groenlandia es solo una ficha más en este juego de tronos moderno.
