Trump se pone a repartir amenazas con líderes iraníes mientras el pueblo de Irán se echa a las calles por el desplome del rial. Sí, ese Trump que ya había bombardeado instalaciones nucleares en Irán un tiempo atrás. Pero parece que estos baños de sangre están de moda últimamente.
La cosa es que ya van siete muertos en los jaleos, porque a la gente le ha dado por recordarle al gobierno iraní lo mal que administra el billete. Es verdad que están más animados que en 2022, cuando una chavala murió por no llevar el trapo en la cabeza al gusto de las autoridades y se armó la gorda. Ahora, no es exactamente lo mismo, pero bueno, algo es algo.
Trump, en su resplandeciente plataforma Truth Social, soltó un reto: “Si los iraníes se animan a dar plomo a manifestantes pacíficos como es su costumbre, USA va a rescatarlos. Estamos ready. Gracias por su atención”. Claro, sin ahondar más para mantenernos intrigados.
Después, un tal Ali Larijani, que era algo así como presidente del Parlamento y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, salió a soltar que Israel y Estados Unidos son los agitadores. ¡Vaya, quién lo diría! Sin mostrar una triste evidencia, porque para eso está la fe ciega en estas cosas.
Otros, como Ali Shamkhani, asesor del líder supremo de Irán, ayatolá Jamenei, advierte que si alguien se acerca mucho, se quedará sin manito. Y por ahí también les recuerdan a los gringos cómo les fue de rescatados en Irak, Afganistán y Gaza. El mensaje lo mandó el parlamentario iraní Mohammad Bagher Qalibaf: ojo, que todas las bases yanquis son objetivos.
Mientras tanto, en Zahedán, en una esquina picante de Irán, la gente sigue saliendo a las calles a alzar la voz. Ya han enterrado a varios que han caído en las marchas, así que imagínense el ambiente. El gobierno de Masoud Pezeshkian, civil pero con pocas herramientas, se hace el que quiere negociar, pero qué van a hacer si su moneda vale menos que un chicle usado.
En fin, la misma historia que se repite una y otra vez. Por un lado, Trump bravucón con sus palabritas demoledoras, y por otro, los iraníes frotándose las manos para darle su merecido si se lanzan al agua. ¿Y el pueblo? Bueno, al menos alza la voz, pero nadie sabe si lo escuchan o si solo lo aplastarán como moscas. Pero ya saben, en este circo, cuando los elefantes y los leones comienzan a rugir, no es buena señal.
