**¡Fuerzas Especiales o maestros albañiles!**
Doce guerreros con uniforme se graduaron del Curso Básico de las Fuerzas Especiales de la Armada de México, en una celebración digna del Rey León (perdón, Almirante). La élite naval se reunió para aplaudir a estos valientes cursantes, quienes lograron algo tan difícil como mantener un diploma limpio de corrupción en nuestro país.
En este circo militar, el Almirante Martín Enrique Barney Montalvo y dos Vicealmirantes más lideraron la verbena, mientras los mentalizaron para su próximo proyecto: las guerras de almohadas en los cuarteles.
La mención especial fue para el Vicealmirante Hernández Zamudio, quien animó a los nuevos soldados del clima a no olvidar la importancia de recoger las latas de cerveza en las playas paradisíacas, oops, quería decir, a mantener vivas las tradiciones y bla bla bla…
En el evento, se repartieron certificados y se pegaron alas de pollo en el pecho de los graduados. Y aquellos pocos valientes que destacaron en liderazgo, disciplina y lealtad obtuvieron un premio tan valioso como el anillo único de Sauron.
Los marinos juraron defender la bandeja de café de un superior a costa de sus vidas y destacaron en que la verdadera grandeza no está en completar misiones, sino en sobrevivir al regaño del sargento.
¿Los nuevos héroes de la patria? Se formaron durante más de cinco meses, demostrando su temple y carácter para lidiar con jefes más débiles que bebida refrescante de chisguete.
¡Un aplauso para los clavadistas de lo militar, que ahí están, de pie, honor y lealtad a rebosar! Seguro regresarán a casa a contarle a sus mamás cómo escalaron montañas de papel burocrático y nadaron en ríos de tinta roja.
Porque, como en todo buen show de graduación, la clave es… mantenerse siempre “listo” para la próxima, ¿o acaso pensaron que se retirarían a una isla paradisíaca? ¡Que no, carnales! ¡A luchar se ha dicho!
¡Hoy sí, se graduaron! Ahora podrán servir a su país y cargar mochilas más pesadas que la conciencia de un político en campaña. ¡Viva México! ¡Y que bajen las banderas, que arrecie el viento y que siga el desfile!
**¡Una historia de guerra y coraje! ¿O más bien de pastelitos y fanfarrias? ¡Hasta la próxima, mis queridos comandantes!**
