La mierda es que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con toda la gracia, le puso la pata encima al presidente de Colombia, Gustavo Petro, su esposa e hijos, acusándolos de ser unos «jefes del narco». Según la nota en el portal web del Departamento del Tesoro, estos mafiosos permitieron el tráfico de drogas ilícitas como si fueran reyes del barrio.
El secretario del Tesoro, un tal Scott Bessent, soltó la sopa diciendo que desde que Petro está en la silla, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado como misiles, dejando a los gringos con la boca abierta y a los colombianos con la pata en el pescuezo. ¡Qué tal! ¡Con este palo ahora sí quieren acabar con el reguetón del narco!
La vaina es que Trump y su combo le llenaron la canasta al pana Petro y su familia. Les congelaron cuentas y propiedades en los Estados Unidos, ¡les clavaron el visto total! Y para rematar, les prohibieron hacer cualquier negocio con ellos, como si los gringos fueran los chismosos de la cuadra.
El propio Petro, con la lengua bien afilada, se despachó diciendo que esto es una tremenda contradicción, que él es el que ha estado en la pelea contra el narco y le ponen esta sanción. ¡Qué peo, se pasan de bacanes!
Por otra parte, el tipo nombró un abogado gringo para que lo defienda, es que ve menos futuro que una monja en un «table dance». Y el tal Petro, sudando la gota gorda, soltó que al gobierno de Trump no le van a responder arrodillándose. ¡Qué buen tiro, le está echando bolas!
En resumen, la movida es un verdadero circo, Trump y su combo siguen tratando a América Latina como su patio trasero y los políticos colombianos, bueno, siguen demostrando que las alianzas con el narco son pan de cada día. ¡Qué tal corrupción! ¿Qué sigue? ¿Una novela de Netflix sobre esto? ¡Esto se pone bueno, señores!
