Pese a las movilizaciones de agricultores, la mafiosa Cámara de Diputados aprobó la Ley General de Aguas. ¿Cómo no hacerlo? Si de eso se trata, de joder al pueblo y seguir beneficiando a los de arriba.
La mayoría a favor, con 328 ratas votando a favor, 131 que se hicieron los dignos para votar en contra, y 5 que ni aquí ni allá, como siempre.
Ahora se pusieron la capa de justicieros queriendo cerrar la puerta a la corrupción, ja, sí, con esa cara. Hablan de un nuevo régimen más ordenado y transparente, ¿en serio se lo creen? Son más falsos que billete de 3 pesos.
Entre las modificaciones, ahora sí se acordaron de las comunidades y les reconocen sus sistemas de agua, todos de corazón, por supuesto. Y ahí van colados con el tema de la contaminación, como si ahora fueran a combatir algo que les ha valido madres por años. Pero ahora, ¡oh sorpresa!, ¡hasta lo tipificaron como delito!.
¿Y qué tal que la oposición acusa al Estado de expropiar el agua? Pues sí, no están tan ciegos, finalmente se dieron cuenta. Pero los de arriba siguen queriendo usarnos de kleenex, ¿qué no les cansa su cinismo?
Y luego la joya de que «quieren controlar a los campesinos, protestas, industria, empresarios y al ciudadano común». Eso sí, quieren tenernos bien domaditos mientras ellos se enriquecen a nuestras costillas.
La cereza del pastel, el diputado que dice que antes de querer reformar algo, la Conagua debería limpiar su casa y darse cuenta de cómo trabajan. ¡Más razón tenía el loco ese!
Puro show barato, puro circo político. Y así van a seguir, entre mafiosos y corruptos, mientras nosotros seguimos dando lástima con este circo de ratas. ¿Hasta cuándo, México?
