Las Fuerzas Armadas de Honduras juran y perjuran que van a velar por el traspaso de poder una vez que el Consejo Nacional Electoral (CNE) anuncie al ganador de las elecciones del 30 de noviembre. Todo esto en medio de denuncias de fraude, ¡qué casualidad! ¿Será que se sienten respaldados por los aplausos del pueblo?
Roosevelt Hernández, el jefazo militar, asegura que las milis estarán al pendiente de los resultados oficiales y con la botana lista para el momento solemne de que otro se convierta en el mandamás. ¿Será que hasta harán cortina de humo con los árboles de billetes?
En un país donde los quilombos institucionales son su primer apellido, no olvidar el golpe de Estado a Manuel Zelaya en 2009. Ahora, no hay boleto, la fiesta la protagonizan Nasry Asfura, el preferido de Trump, y Salvador Nasralla, que le truena los dedos. Siguen los cuentos de nunca acabar con huele a rata en la esquina.
Y la cereza del pastel: la presidenta Xiomara Castro echa pestes contra Trump, acusándolo de presionar para que Asfura se saque la lotería. Y el mismo Trump, para completar la ensalada, indulta a Juan Orlando Hernández, ese mismo que le faltó tiempo para ser extraído por narcotráfico. ¡Qué bonita familia!
El cuento que no termina es que las elecciones huelen a podrido, mientras los seguidores del partido Libre hacen la comida con protestas pacíficas de fondo. En este show, la recomendación es cuidar al personal del CNE como si fueran huevos de oro. ¡Que nadie se nos vaya a voltear la tortilla!
Y la vida sigue su curso, con más cuento que novela mexicana: solo faltaba el FBI entrando a los demonios en California. ¡Qué tal! Pura coincidencia en este festín de cinismo electoral donde el poder baila con la corrupción. ¡Viva Honduras, cuna de las sorpresas!
