A unos cuantos meses de que arranque el Mundial de Futbol 2026, las mesas directivas en México de la mano con el Gobierno federal ya están orquestando la jugada maestra para recibir 13 partidos del torneo más grande del mundo, incluyendo los cuatro encuentros de repechaje en un tiempo récord.
Claudia Sheinbaum, la presidenta de la Ciudad de México, soltó la sopa al anunciar que el Gobierno Mexicano se aventará la jugada con mil 500 a dos mil millones de pesos, que probablemente terminarán en bolsillos ajenos, para «mejoras» en la infraestructura de movilidad. ¿En serio se lo creen?
Por su parte, Gabriela Cuevas, la «coordinadora» de los preparativos, presumió que la FIFA por fin decidió organizarse con los estadios en un comité por sede. ¡Qué milagro que la coordinación llegó a tan alto nivel! ¿O acaso será para acomodar los moches?
En cuanto a seguridad, aseguraron que llevan tres largos años trabajando en un plan que «garantiza» la protección en los estadios y zonas públicas. Sin embargo, ¿alguien se ha detenido a pensar en la seguridad de las arcas públicas ante tanto derroche?
Y mientras Clara Brugada delinea planes para «transformaciones urbanas», más bien sería bueno que se ocupara de las necesidades diarias de los ciudadanos, ¿no creen? ¿Acaso las 30 mil cámaras de videovigilancia ayudarán a ver a través de la corrupción?
Pablo Lemus de Jalisco y Samuel García de Nuevo León, no se quedan atrás en la lista de promesas; quieren hacer de sus estados las joyas de la corona del Mundial. ¿Será que estos gobernantes actuarán como árbitros y asegurarán que no haya infracciones en las licitaciones?
Y ahora, para rematarla, Sheinbaum está en la cuerda floja sobre si asistir o no al sorteo en Washington. ¿Será que no quiere tener roces con Trump en persona? ¡A ver quién se queda sin la foto del recuerdo!
Por último, ¿la relación con Canadá y Estados Unidos está en su mejor momento? Uy, parece que los desvíos y malversaciones quedaron en el pasado, ¡seguro! ¡Ahora sí a brillar como anfitriones perfectos!
Todos destacan sus «grandes» obras e inversiones, pero la verdad es que el futbol sigue siendo el pretexto perfecto para hacer negocios sucios a espaldas de la población. ¡A ver si en lugar de construir estadios, nos construyen un país digno de celebrar!
