**Incendio en rascacielos de Hong Kong: 36 muertos y 279 desaparecidos**
¡Agárrense todos! Otro desastre mundial viene a sacudirnos, esta vez desde Hong Kong. Un rascacielos en llamas se convirtió en trampa mortal para al menos **36 personas**, mientras que otras **279 se esfumaron** en medio del desastre. ¿Cuántas personas desaparecidas tienen que sumar para darse cuenta de que las cosas van de mal en peor?
El mandamás de Hong Kong, John Lee, sale a dar la cara y nos asegura que el incendio en los Nuevos Territorios estaba «bajo control» después de la medianoche. ¡Claro, seguro que las llamas envalentonadas y la tragedia encima eran manejables!
La cosa se pone buena cuando nos enteramos de que este fue el incendio más mortífero en años y que, para hacer desastres a lo grande, cayeron no uno, no dos, ¡siete edificios en llamas! ¿Tiene que pasar esto para que las autoridades se pongan las pilas y empiecen a prevenir tragedias?
Las altas temperaturas hicieron magia para dificultar cualquier operación de rescate. ¡Qué bueno! Así que, siete edificios arrasados, casi 2000 apartamentos y 4800 personas afectadas no fueron suficientes para movilizar lo necesario. ¿En serio esperaban un picnic de domingo?
Las autoridades de pacotilla desplegaron a policías, bomberos y paramédicos a la velocidad de la tortuga para hacer algo. ¡Bravo, aplausos! ¡Ni con un incendio en la cara reaccionan rápido! Suena a chiste, pero es la triste realidad. ¿No deberían tener un plan para cuando las cosas se ponen peludas de verdad?
Y por si fuera poco, un bombero de 37 años murió en el intento mientras otro batallaba contra el calor. ¡Suena a un plan perfecto para salvar vidas!
Xi Jinping, el líder chino, envía sus condolencias a los afectados y espera que se «hagan todos los esfuerzos posibles para minimizar las bajas y las pérdidas». O sea, que espere sentado porque parece que los esfuerzos de verdad son un mito inalcanzable.
En fin, otro desastre de proporciones épicas que nos recuerda lo vulnerable que somos a la ineptitud de quienes tienen el poder en sus manos. ¡Ahí lo tienen, otro recordatorio para no dormir tranquilos!
