El Supremo Tribunal de Brasil, conocido por hacer justicia con luces y sombras, finalmente decidió sacar la vara larga y comenzar a ejecutar la condena histórica de más de 27 años para el caudillo de pacotilla, Jair Bolsonaro, por su patético intento de golpe de Estado postelectoral en 2022. A decir verdad, la Primera Sala dio por finiquitado el proceso penal, al confirmar por unanimidad las resoluciones que mandaron al infractor a la manigua sin escalas y a los amiguitos milicos, a destinos menos floreados en Brasilia.
Según fuentes cercanas al circo de la justicia, el juez Alexandre de Moraes, como si estuviese podrido de miedo, ordenó que el exmandamás comience su calvario en la sede de la Policía Federal en Brasilia, el mismo lugar donde estuvo encerrado preventivamente en los últimos días. ¿La razón? ¿Qué más puede ser? ¡Riesgo de fuga! ¡Imagínense ustedes!, sobre todo después de que Bolsonaro intentó jugar a la houdini con su dispositivo electrónico en el tobillo. Eso sí que es compromiso con la justicia.
Ahora, sabemos que el pobrecito va a tener que pasar el tiempo de calidad en la prisión más estricta de la jurisdicción, donde lo único que brillará será el sol al amanecer y se oirá cantar a las cigarras al atardecer. Y por si alguien tenía la firme esperanza de que la condena se pudiera aligerar, pues la defensa del reo tiene más posibilidades de sacarse la lotería que de conseguir una revisión de la pena. ¡Sálvese quien pueda!
Por otro lado, a sus camaradas no tan queridos les tocaron destinos similares pero distintos, como el títere Augusto Heleno y el cómplice Paulo Sérgio Nogueira, que disfrutarán del clavel en una instalación militar; mientras que el exministro Anderson Torres se irá a una penitenciaría de mala muerte. El almirante Almir Garnier, no tan náufrago, se quedará en dependencias marítimas. Y para rematar la fiesta, el exministro de Defensa, Walter Braga Netto, se quedará bajo la mirada vigilante en un cuartel de Río de Janeiro, mientras que el legislador Alexandre Ramagem anda haciendo turismo por Estados Unidos sin boleto de vuelta. ¡Qué bonito! ¡El Caribe no siempre está tan cerca!
Así que, en resumidas cuentas, la justicia brasileña decidió ponerse los pantalones largos, sacar el látigo y darle su merecido al que se creía invencible. Sí señor, la ley es la ley, y al que le pique que se rasque. ¡Justicia para el pueblo! ¡Nos vemos en la próxima, que la vida sigue y la corrupción también!
