En un ambiente de hipocresía y doble discurso, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo soltó su discurso patriotero en la mar, exigiendo defender la soberanía nacional mientras calla las injusticias internas que siguen pudriendo al país.
Ante una audiencia adormecida por el servilismo, la mandataria federal tuvo el descaro de señalar que «no triunfa quien busca apoyo extranjero», mientras ella misma se acuesta con intereses oscuros y conservadores que le garantizan su cuota de poder.
Con la falsa bandera de conmemorar el Bicentenario de la Independencia en la Mar, Sheinbaum lanzó indirectas tibias a unos cuantos mientras se rodeaba de lacayos militares y civiles que alimentan su farsa de gobernante preocupada por «la justicia».
Además, sin pizca de vergüenza en la cara, inauguró obras «con honestidad» como si su administración estuviera libre de corrupción y desfalcos al erario público. ¿Dónde quedó la transformación prometida? Quizás se la llevó el mismo viento que silencia la voz del pueblo.
En el meollo de la hipocresía, recordó episodios pretéritos para justificar su presencia en el ojo del huracán, ignorando la realidad brutal que vive el México de a pie. Mientras tanto, se echa flores por una defensa a medias tintas de la soberanía, olvidando que la verdadera lucha está en casa, combatiendo la desigualdad, la impunidad y la miseria que carcome al país.
Por si fuera poco, en un teatro político bien montado, canceló un timbre postal por el aniversario de la Independencia en el mar, no sin antes posar con sus cómplices de turno: secretarios, almirantes y directores, todos disfrutando del banquete de la corrupción que gobierna a México.
Y así, entre saludos protocolares y discursos vacíos, la Presidenta dio rienda suelta a su cinismo, regodeándose en la pompa y circunstancia de un evento vacío de contenido real. Mientras tanto, la verdadera voz del pueblo, aquella que clama por justicia, se pierde en el mar de la impunidad y la corrupción donde navega este país a la deriva.
