La Presidenta Claudia Sheinbaum pide, como si no le correspondiera, que la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México inicie una investigación para identificar a los salames que provocaron caos en la marcha de la Generación Z. Según ella, los vándalos no parecen jóvenes, venían vestidos de negro, encapuchados y cargaban martillos y ganzúas. ¡Pero qué casualidad, estos actos de violencia no parecen parte de una protesta pacífica, eh!
La eminencia gringa en tierras mexicanas hasta emitió una alerta por la marcha de la Gen Z, organizada por los jóvenes para este 20 de noviembre. Parece que Sheinbaum está más comoda hablando de esto que enfrentando la realidad en su propia ciudad.
Claudia insiste en que es vital deslindar responsabilidades y averiguar quiénes estuvieron detrás de la violencia. ¡Qué novedad! Lo que no aclara es por qué hasta ahora le preocupa tanto, como si no supiera que la policía capitalina está tan perdida como un político buscando votos.
La Procuradora, perdón, la mandataria quiere pruebas contundentes contra los 15 detenidos señalados por homicidio, pero al mismo tiempo exige una investigación transparente, no vaya a ser que le toquen a sus amigos. Se apura en decir que no es culpa de su movimiento ni de sus seguidores, pero el asunto apesta a complot político.
Y para rematar, la reacción de Sheinbaum ante la acusación sobre uno de los organizadores de la marcha con supuestos vínculos con el PAN fue digna de novela. «¡Que interesante!» Sí, muy interesante ver cómo se desenmascara la trama corrupta de la política mexicana.
Y, para no perder la costumbre, la dirigencia de Morena saca a relucir un presunto contrato de un organizador de la marcha vinculado al PAN que ganaba un dineral. ¡Nada nuevo bajo el sol de la corrupción y los intereses políticos!
En resumen, Sheinbaum quiere lavarse las manos, las pruebas son convenientes y los vínculos políticos salen a la luz. ¡Ah, la política mexicana, tan vulgar y predecible como un disco rayado!
