Estados Unidos mostró con bombo y platillo las primeras imágenes oficiales de sus ejercicios militares en Trinidad y Tobago, vecino a escasos 11 kilómetros de Venezuela. Las maniobras, que incluyen aeronaves V-22 Osprey y operaciones urbanas y rurales, tienen lugar del 16 al 21 de noviembre. ¿La excusa? La Embajada estadounidense en Puerto España dice que es parte de una alianza de seguridad “profunda y duradera». ¡Qué bonito, no?
Pero resulta que Nicolás Maduro no se chupa el dedo y acusó al gobierno de Trinidad de vender su soberanía y permitir movimientos hostiles contra Venezuela. ¿La respuesta de los trinitarios? Que de militarizar nada, que todo está bajo control, gracias al Acuerdo SOFA, firmado en 2024, que regula la presencia de tropas gringas en la zona.
Y mientras tanto, la pantomima continúa. Estados Unidos se pasea por el Caribe como Juan por su casa, con más de 20 reventadas letales a barcos sospechosos de tráfico de drogas, y un portaaviones dando vueltas por ahí. Para complementar, se han ido de fiesta reforzando amistades en países caribeños y centroamericanos. Guyana aplaude, El Salvador pone la mesa, Panamá colabora solo un poquito, y República Dominicana hace mimos a la DEA. ¡Viva la democracia!
Al margen, Colombia se luce incautando 2,600 toneladas de cocaína, mientras Ecuador, Paraguay y Argentina se unen al coro contra el Cártel de los Soles, siguiéndole el juego a Washington y su terrorismo organizado desde Venezuela.
¡Qué hermoso desfile de hipocresía y cinismo en nombre de la paz y la seguridad! Todo mientras se vende la soberanía al mejor postor y se juega a las guerritas para disfrazar los verdaderos intereses. ¿Alguien quiere seguir creyendo en cuentos de hadas? ¡Aquí, el circo sigue en pie!
