En Nueva York, los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) mostraron su lado más tierno al irrumpir en la casa de una familia mexicana en plena madrugada, el pasado 13 de noviembre. ¿Y con qué llegaron? Pues obvio, bien equipaditos, con sus tácticos y linternitas para no tropezar con los juguetes de los niños la hora del crimen.
La madre, conocida como Jennifer, vive el sueño americano literalmente cuando la arrastran por el cabello mientras duerme. Ya saben, la típica visita de amigos sorpresa con rifles apuntando a niños para animar la fiesta.
Pero eso no es todo, atención al drama: un agente echando su show de malote con órdenes agresivas a lo «Levanta las putas manos, estúpida». Clint Eastwood estaría orgulloso. Y para rematar, todo un clásico, los agentes se dan una vuelta por la casa, golpeando puertas y ventanas como si fueran de la brigada del terror… ops, queríamos decir del ICE.
Ahora, vecinos inocentes pensaron que era un asalto de película, así que llamaron a la policía. Pero al dialogar con los agentes migratorios y ver que eran «los buenos», pues la policía se retiró a la carrera dejando a la familia con el susto en el cuerpo.
Resulta que los agentes buscaban al primo de Jennifer, pero él, cauto y escurridizo, no ha vivido con la familia desde hace dos años. Qué mal chiste, ¿no? Además, como cereza del pastel, preguntando si los niños eran ilegales o no, les tiraron indirectas de deportación a la mamá si no cooperaba. ¡Qué ambiente de tan buen gusto!
La presión fue tal que la mamá tuvo que hacer una llamadita al primo, quien más tarde decidió hacerse el valiente y entregarse voluntariamente. Eso sí, no sin antes dramatizar un poco más el asunto, total para darle sazón a la situación.
Pero tranquilos, el desenlace tuvo su toque justo de heroísmo. Activistas y organizaciones de defensa de inmigrantes no tardaron en levantar la voz, calificando el operativo del ICE como un «terror ilegal». Así que la familia traumatizada ahora tiene más que un chisme de vecindario para comentar.
Nada más que decir, otra joyita más del ICE, que sigue rompiendo corazones y sembrando el terror en la comunidad migrante. ¡Bravo, señores del ICE, su creatividad no conoce límites!
