Una bomba explotó en Bangladesh, sí, en Bangladesh. Y no, no fue una bomba literal, pero sí una bomba noticiosa que hizo temblar a la exprimera ministra Sheikh Hasina. ¿Por qué? Porque le cayó la condena más pesada: muerte en ausencia. O sea, que ya ni siquiera estar presente para recibir el veredicto le salvó el pellejo.
Resulta que Doña Hasina fue acusada de ordenar la represión salvaje contra unos estudiantes que se les ocurrió alzar la voz contra la maquinaria gubernamental. Y claro, ¿qué hizo ella? Huir como rata despavorida a India, el vecino salvador en tiempos de aprietos políticos.
La cuestión es que la buena Doña se sintió muy ofendida, tiró su cartita de “tribunal amaño” y “intereses políticos” con cara de poker. Mientras, el gobierno interino, encabezado por el Nobel Muhammad Yunus, se pone la capa de héroe y dice que esto es histórico, que salva la justicia y todo eso. Sí, seguro.
Pero espérate, que hay más. El tribunal, con toda su autoridad, dijo que esta señora de 78 años no solo incitó a la violencia, sino que les dio órdenes claritas de asesinato. Y no se quedó en palabras bonitas, se aventó también una omisión de película, porque en la represión hubo de todo: hasta mil 400 muertos de última hora.
Ahora resulta que esta exmandataria está en modo prófuga y tiene hasta una solicitud de extradición haciéndole ojitos. Su vástago, por su parte, lanza la advertencia: o los dejan jugar en las elecciones de febrero o se arma la de Troya. En fin, Bangladesh siempre nos regala estas tramas al más puro estilo de telenovela sudamericana. ¡Viva el espectáculo, caray!
