La marcha de la «Generación Z» supuso una bofetada al Gobierno federal y a su incapacidad para controlar la inseguridad. El PAN la celebró como una demostración de esperanza, mientras denunciaba la respuesta autoritaria y violenta de las autoridades como miedo al despertar de una generación cansada de mentiras y violencia.
El dirigente, Jorge Romero, no se anduvo por las ramas al señalar que la represión policial fue brutal y desproporcionada, desenmascarando el temor del gobierno ante la juventud empoderada. Además, criticó la censura, la violencia y la opresión ejercida contra los manifestantes.
El PRI, por su parte, brindó apoyo a la movilización, reconociendo la justicia de sus reclamos y la cobardía del gobierno de Morena al responder con violencia. Una vergüenza para un régimen que muestra su verdadera cara: la de un narcorrégimen que apapara a delincuentes y ataca a la juventud.
Mientras tanto, Movimiento Ciudadano y otros líderes políticos cuestionaron la legitimidad de las movilizaciones, pero la calle no miente: el pueblo está harto y no se calla.
La invitación a la nueva marcha encendió más la mecha de la indignación. El Gobierno teme al pueblo organizado y decide reprimirlo en vez de escucharlo. Nueva ola de movilizaciones en marcha, convocando a los ciudadanos a alzar su voz y reclamar un país distinto.
